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Un hombre debe hacer aquello que su
deber le dicta, cualesquiera sean las consecuencias personales, cualesquiera
sean los obstáculos, el peligro o la presión. Esta es la base de toda la
moralidad humana". (J. F. Kennedy).
El desprecio a la dignidad humana y a
los valores de la sociedad, el apetito insaciable por la riqueza sin importar
su origen ilícito y la sed de poder, son el contenido subyacente de las
organizaciones criminales, que han coqueteado con el poder político en buena
cantidad de países, sin importar si son grandes o pequeños, de derecha o de
izquierda, o el continente en que se encuentren. La delincuencia organizada
no tiene límites ni fronteras ni ideología ni moral.
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Pero ante este fenómeno, afortunadamente, en toda sociedad surgen personas
o grupos de personas que, en palabras de Mario Benedetti, "no se quedan
inmóviles al borde del camino" y "no reservan del mundo solo un rincón
tranquilo". Se trata de mujeres y de hombres comunes -sin aureola de santos-
que no están dispuestos a renunciar a sus principios ni a postergar el
respeto a la dignidad de sus semejantes. Un ejemplo de resonancia mundial es
el fiscal antimafia italiano, Giovanni Falcone, quien, por ir de frene contra
la delincuencia organizada, fue el objetivo del atentado de La Addaura, el 20 de junio
de 1989, del que sobrevivió milagrosamente; pero no pudo escapar a la
violencia de la mafia en lo que se conoció como la masacre de Capacci, el 23
de mayo de 1992, cuando murió víctima de un atentado con 500 kilos de
dinamita, junto con su esposa Francesca Morvillo y sus guardaespaladas,
Antonio Montinari, Rocco Di Cillo y Vito Shifani.
Contra la mafia. Falcone no es un ícono por morir de esa forma, pues
eso no haría justicia a otros que pagaron con sus vidas en la misma guerra,
como son los Fiscales Cesare Terranova (25/09/1979) y Rocco Chinnici
(29/07/1985), así como los policías Giuseppe Montana y Ninni Cassará (verano
de 1985), por citar solo a algunos héroes.
Giovanni Falcone fue contrafigura ante la mafia y el poder político,
por lograr el testimonio del primer arrepentido, Tommaso Bruscetta ("testigo
de la corona"), que reveló la estructura y la telaraña tejida por las redes
criminales; después vendría el segundo arrepentido, Antonio Calderone, y así
sucesivamente hasta acumular información valiosa que permitió abrir nuevas
líneas de investigación, para desarticular operaciones económicas de cuantía
inimaginable. Falcone fue el primero en interpretar la dinámica interna y
externa de la mafia, su estructura y sus propias normas, lo que condujo a
recopilar las pruebas para condenar a 347 mafiosos en 1987. El giro de las
pesquisas se orientó hacia los patrimonios particulares y a las operaciones
bancarias de los sospechosos.
De acuerdo con esas enseñanzas, investiga hoy el Ministerio Público de
Costa Rica, tanto en la banca local como en la internacional a través de
cartas rogatorias, con mayor agilidad después del levantamiento del velo
bancario en todo el mundo, a partir del atentado al World Trade Center de
Nueva York. Esto ha permitido culminar investigaciones de corrupción y
sicariato, algunas ya juzgadas y resueltas con condena.
"Colaboracionistas". La solidez y profundidad de las investigaciones
del Ministerio Público italiano, producto de la nueva orientación criminalística,
conllevó reacciones de los "colaboracionistas" del crimen organizado: la
jerarquía judicial disolvió el "pool antimafia", se produjeron dudosas
decisiones jurisdiccionales y el fiscal Falcone fue objeto del "episodio
Cuervo" primero, y, después, de la campaña conocida como "cartas en los
cajones", cuya finalidad fue desprestigiarlo y desautorizarlo ante la opinión
pública mediante la difusión de falsedades sobre su vida. En esto último
participaron algunos periodistas serviles de la mafia.
Cualquier actuación del Fiscal era descalificada por los
"colaboracionistas". En 1990, durante una conferencia en México, Falcone
afirmó: "[...] el aumento de la eficacia de la acción represiva estatal y el de
la importancia de aquello que está en juego en cada una de las acciones [...]
ha provocado que cualquier funcionario que moleste sea inmediatamente puesto
bajo la mira [...]".
El fiscal Giovanni Falcone se
convirtió en un símbolo por haber descifrado el funcionamiento de la mafia,
por enfrentarla a cualquier precio, por llevar centenas de mafiosos a
prisión, por rechazar el miedo, por no ceder ante nada ni ante nadie, por
encarnar la ética, por vivir y por morir de acuerdo con sus principios.
De él dijo su compañero y amigo, el
fiscal Paolo Borsellino: "Los que tienen miedo mueren todos los días, los que
no lo tienen mueren solo una vez". Con ello aludió a los cobardes que
sucumben en espíritu una y otra vez cuando traicionan sus principios, pues
ceden ante la mínima presión; pero exaltó al valiente que vive siempre apegado
a su ética y solo morirá cuando su cuerpo deje de funcionar. El fiscal
Borsellino fue asesinado por la mafia el 19 de julio de 1992, tan solo dos
meses después de la muerte de Falcone. Pese a su desaparición física, los dos
están presentes y continúan -con su ejemplo de moralidad humana- dando guerra
a las redes criminales.
Esta historia, total o parcialmente,
replica en todos los países cada vez que se persigue con decisión a la
delincuencia organizada. En Costa Rica ya comenzamos a vivirla.
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